Los chapulines forman parte de la historia culinaria de Oaxaca desde tiempos prehispánicos. Esta tradición se remonta a las culturas indígenas Zapoteca y Mixteca, quienes valoraban los chapulines por su abundancia y su aporte nutricional como fuente de proteína. Se recolectaban durante la temporada de lluvias y eran consumidos frescos, asados o secos, lo que permitía su conservación durante todo el año.
El consumo de chapulines es mencionado en varios códices antiguos, lo que indica su importancia en la dieta de los pueblos originarios de la región. Además, hay registros que describen el uso de estos insectos como ofrendas en rituales y ceremonias, lo que destaca su relevancia no solo en el ámbito culinario sino también en el espiritual.

